Todos los días, a media noche, me levantaba creyendo que alguien tocaba mi puerta. La abría, pero no había nadie. Pasaron así dos meses sin que pudiera conciliar el sueño sin levantarme a mitad de la noche.
Un 28 de octubre abrí mi baúl con la llave rara que mi madre me había heredado al morir. Vi algunas fotos de ella; era muy bella. No sé quién fue mi padre. Yo supongo que ellos habían estado tan enamorados para que cuando mi madre murió al darme a luz, él se suicidó.
Mi madre tenía una gemela que desapareció poco tiempo después de que mi madre murió.
-Rosalinda era una mujer que se dedicaba plenamente a todo lo que hacía -decían las brujas que conocieron a mi madre.
-Tienes los ojos de tu madre -decían unas cuantas otras.
-Eres una rareza silvestre, bella por supuesto. Igual que tu madre -decían algunas cuantas más.
Derramé una cuantas lágrimas ese día. Mi madre estuviera orgullosa me mí, pues ya era mi cumpleaños número 16. Dieciséis años sin madre o padre.
Era curioso que siempre que hablaba con las brujas sólo decían que nunca habían sabido el nombre de mi padre, sólo lo habían visto unas pocas veces y que era un hombre muy apuesto.
"¡Feliz cumpleaños, Alexandra!", decía un cartel en medio del salón de clases ese día por la mañana. Supusé que lo había colgado mi mejor amigo: Eduardo.
-¿Te gustó tu regalo? -me preguntó Eduardo visiblemente emocionado.
-Sí, me encantó la pancarta.
-¿Pancarta? Yo no escribí ninguna pancarta.
-¿Entonces qué era? -pregunté.
-¿No lo viste? Lo pusé afuera de la puerta de tu casa esta mañana.
-Yo no vi nada.
-¡Oh! Bien, pues ni modo.
-Lo siento -lo consolé.
-No te preocupes; pero no pudo haber desaparecido, yo lo vigilé mientras salías, sólo salió de mi vista cuando oí que estabas abriendo la puerta.
-Yo no vi nada sigo diciendo, lo siento.
-Bueno, da igual. ¿Nos vemos esta tarde en tu casa para la fiesta, cierto?
-Claro que sí -dije con una sonrisa.
Fui a mi casa para darle una revisada a los preparativos antes de la hora de la fiesta.
-¿Cuánto falta para que lleguen los invitados? -preguntó mi tía Mónika, con la que vivía ahora.
-No mucho, mejor me iré a poner mi disfraz.
-Adelante.
Mi disfraz era de una bruja, yo misma lo había hecho. Mi cuarto estaba muy desordenado y no iba a ordenarlo en este mismo momento. Pensé en usar magia pero mi tía se habría dado cuenta y me hubiera regañado.
-¿Cuánto hace que no vamos a visitar a las brujas de Bélgica?
-Cuatro años, creo.
-Deberíamos haberlas invitado. Dices que eran buenas amigas de mi madre.
-Sí -respondió mi tía.
-Será mejor que vaya a ver donde se metió Eduardo.
-Antes te tengo que dar algo.
-Tía sabes que tú no me tienes que dar nada, es suficiente con tu compañía. En estos años te has convertido en algo como una madre para mí.
-No, esto no es de parte mío. De parte de mi ya resivirás tu regalo, pero esto no. Cuando murió tu madre me pidió que te diera algo. Ven, acompáñame, ¿quieres?
Seguí a mi tía hasta el ático donde ella siempre guardaba las cosas de hechicería.
Caminó hasta el fondo del ático y regresó con una cajita en la mano. Me la tendió para que la abriera y cuando la abrí saqué un hermoso collar en forma de una luna, en realidad no estaba completa, era mejor dicho media luna. Algo en su interior brillaba, muy tenuemente, pero brillaba.
-Lo guardé por 16 años, esperando el momento. Al fin a llegado y nuestra heredera ha madurado. Es una frase común entre las brujas, pero nadie la había usado hasta este día, en que tú cumples 16 años -me explicó mi tía.
-¿Eso significa que yo soy una heredera? -Mi tía asintió-. ¿Pero de qué?
-Nadie lo sabe, tú lo tendrás que descubrir -dijo ella.
Terminó la fiesta y yo no paraba de pensar en la media luna que traía colgada al cuello. Tal vez los científicos decían que la luna no tenía luz propia pero a mi se me hacía que brillaba por sí sola, quizás hasta el collar fuera de un pedazo de luna.
-Tía, quiero saber más de mi familia, ¿podría ir a Bélgica a ver a las brujas de allá para ver si me podrían decir algo?
-Mándales una carta, no te dejaré ir hasta Bélgica.
-Está bien. Gracias.
Ese 28 de octubre empecé a escribir la carta con ayuda de Eduardo, él estaba muy bien enterado de todo el rollo de las brujas.
A 28 de octubre de 1999
Querida Salem:
He cumplido 16 años y quiero saber más sobre mi pasado. Pensé que tal vez tú me podrías decir algo. Además, tengo ciertas dudas sobre algo.
Hoy mi tía me dio un extraño collar que parece brillar por si solo. Parece un pedazo de luna, aunque mi mente podría estar tan desconectada de la realidad que en realidad no sea eso sino simplemente un collar. Mi tía Mónika dice que era de mi madre, que ella le había dicho que me lo entregara cuando ella lo que creyera conveniente.
Quiero que porfavor me digas todo lo que sabes. Yo sé que tú eras muy amiga de mi madre y que sufriste tanto como mi tía al enterarte de su muerte, yo también he sufrido mucho durant estos 16 años, vi algunas de sus fotografías hace unas cuantas horas me di cuenta de que las amigas de madre decían la verdad al decir que ella era muy bella.
Esperando tu respuesta.
Alex
Cuando terminé de escribirla la metí en un sobre y fui directamente al correo a mandarla a Bélgica, sé que Salem, la mejor amiga de mi madre cuando ella estaba viva, no me iba a responder rápidamente, pues estabamos algo lejos para que yo pudiera leer su carta de la noche a la mañana.
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